Hay Una Esperanza

Cambios Repentinos

Marzo 9, 2017


Es increíble como algunos eventos inesperados, pueden cambiarnos el curso de la vida en un instante. Muchas veces tenemos todo muy bien calculado, hemos programado todo al dedillo, pero esas cosas fortuitas que ocurren, nos pueden sacar del curso que traíamos.
Habíamos emprendido un largo viaje para compartir con personas en tres ciudades importantes de Europa, antes de dirigirnos a la meta de nuestra misión, que era Israel. Nos encontrábamos en España, esa mañana habíamos compartido en Tarragona, una hermosa ciudad frente al Mar Mediterráneo; donde recibimos las finas atenciones de los anfitriones, invitándonos ellos a degustar un rico almuerzo. Ya era media tarde y nos dirigíamos de regreso hacia Barcelona, para visitar a una familia que recientemente había llegado de Argentina.
El panorama yéndose por la costa es espectacular, así es que nos acercamos lo más que pudimos, escogiendo la ruta más larga, pero con una vista hermosa. Pasando la ciudad de Sitges encontramos un mirador desde donde se apreciaba la imponente belleza natural del Mediterráneo. Decidimos bajar del vehículo por unos minutos, tan sólo para tomar fotografías, tratando de capturar la inmensa belleza que Dios nos regalaba para deleitar nuestros ojos.
Fueron unos cinco minutos tal vez, los que transcurrieron entre una fotografía y otra, antes de volver al auto. Al abrir la puerta mi esposo con rostro desencajado exclamó “abrieron el carro”. Inmediatamente nos percatamos que habían roto el cristal de la ventanilla delantera de mi lado, por donde metieron la mano para abrir la puerta; se habían llevado mi cartera, el maletín de mi hijo y el de nuestro amigo argentino que viajaba con nosotros. Un sinfín de cosas pasaron por mi cabeza, comencé a revisar mentalmente lo que tenía en mi cartera: Pasaportes, billetera con tarjetas de crédito, teléfono celular, mi IPad y dinero para todo el viaje; eso era lo más importante que yo recordaba, aunque había varias cosas más. En el momento no sabíamos qué hacer, pedimos prestado el teléfono a unas personas que estaban en el mirador, para reportar el incidente a la Policía, quienes dijeron que deberíamos llegar hasta la comisaría porque ellos querían ver el carro y demás. Mi esposo les decía que al carro solamente le habían roto el vidrio de la ventanita, que lo importante era lo que se habían llevado, pero no hubo forma. La joven señora que nos prestó el teléfono, con lágrimas en sus ojos, sacó un billete de cincuenta euros para darnos y exclamó: “No sé lo que haría yo si me hubiera pasado esto a mí”.
El plan cambió al instante, ahora había que ir a una delegación de policía para reportar el caso; aquí estuvimos más de dos horas, mientras nos tomaban la declaración. Suspendimos la visita que íbamos a hacer. Cancelamos el almuerzo al que nos habían invitado para la mañana siguiente, porque ahora la prioridad era ir al Consulado hondureño para reportar los pasaportes y pedir apoyo. Llamamos a casa en Honduras para pedir que hicieran llamadas para bloquear las tarjetas de crédito.
En ese momento el sentimiento interior era muy desagradable, una sensación de haber sido despojados, ultrajados. Muchas preguntas afloran a la mente, sin obtener respuesta. Las preocupaciones eran muchas, ya que yo iba liderando el grupo de casi cincuenta personas para el viaje a Israel. El personal del Consulado no fue colaborador en ningún momento. Son demasiados detalles para narrarlos aquí, pero puedo decir que a pesar del sinsabor, de la incertidumbre y el malestar, yo sabía como siempre, que con Dios saldríamos vencedores. Era muy difícil continuar aquel largo viaje con un pasaporte inactivo, sin dinero y sin tarjetas de crédito.
Sin embargo, puedo decirles que vimos la inmensa gracia y misericordia del Señor en cada momento, hasta el día de nuestro regreso a casa. En todo aprendimos mucho, pero puedo recomendarles a mis queridos lectores que en medio de la tribulación alcen su corazón y su mirada a Dios, Quien todo lo sabe y todo lo puede; porque solamente Él nos puede sacar adelante en victoria, a pesar de que haya sido cambiado el rumbo que nosotros habíamos trazado.

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