Hay Una Esperanza

Los Niños Aprenden de Sus Padres

Marzo 30, 2017


Definitivamente los niños son los mejores aprendices o discípulos que podemos tener; ellos aprenden muy fácilmente con el ejemplo de los mayores o de aquellos a quienes ellos consideran sus líderes o personas dignas de admirar. Por supuesto para un niño, su primer modelo a imitar será su papá o su mamá.
En cierta ocasión una preciosa niña de unos cuatro años de edad estaba en casa de sus abuelos para almorzar, ya que sus padres estaban en el hospital por el advenimiento de su segundo hijito. La pequeña, siempre que llega a la casa de los abuelos, se dirige a la sala, donde encima de la mesa de centro hay algunos baúles de madera o de cartón forrados con tela, con los cuales ella juega de diferentes formas.
En esta ocasión ella dispuso jugar de “cocinita”, donde los baúles eran las ollas, los frasquitos con cuentas que estaban adentro, se convirtieron en condimentos para la comida. De pronto, ella dijo: ¡No, los muebles de la sala no son para comer, necesito una silla del comedor!
No cabe duda que ella estaba segura de que lo que estaba haciendo no era un juego, sino que era su realidad. Los niños toman las cosas con mucha seriedad, pero lo que más me impresionó fue como ella tiene convicciones tan fuertes, aprendidas de sus padres, acerca de lo que es correcto y lo que no es correcto. 
En otra ocasión otro de los nietos de estos amigos, siendo él muy pequeño, les pidió algo para comer; quería tortilla con quesillo derretido y un vaso con leche con chocolate. Mientras se lo preparaban, él esperaba viendo televisión. La abuela le avisó que ya estaba listo y que se lo llevaría donde él estaba, pero para mi agradable sorpresa él le dijo: No abuela, yo voy al comedor, no me permiten comer en la sala de televisión.
Esto nos lleva a pensar en la gran responsabilidad que como adultos tenemos y aún más como padres o abuelos, acerca del ejemplo que damos a nuestras siguientes generaciones. ¿Qué han aprendido ellos de nosotros? ¿Acaso les hemos dado un buen ejemplo sobre no botar basura en la vía pública? ¿Nos han visto ellos y han aprendido de nosotros a no hablar con la boca llena de comida? ¿Les hemos modelado acerca de no dejar la ropa o los zapatos tirados por toda la casa? ¿Los hemos inducido a la lectura diaria? ¿Les hemos dado el ejemplo de pedir las cosas por favor y decir gracias al recibirlas? 
Todas las preguntas anteriores tienen que ver con buenos modales o cuidado del ambiente; pero hay ejemplos más profundos que debemos revisar en nuestro comportamiento. ¿Hemos sido honestos y rectos y nos han visto nuestros hijos cuando pagamos la cantidad correcta, incluyendo los impuestos? ¿Hemos sido un buen modelo de sujeción a la autoridad, para que nuestros hijos actúen de la misma manera? ¿Hemos orado con ellos para tomar decisiones familiares?
Esto es para meditarlo seria y profundamente; no es un artículo más, es una lección para la vida diaria y para siempre. Si invertimos tiempo en enseñarles a nuestros hijos acerca de lo que es bueno y recto; cuando ellos estén solos, sabrán elegir y actuar, podrán discernir entre lo bueno y lo malo, sin necesidad de ser supervisados. Pero además, estoy convencida que vale más la influencia que el saber; es decir, nuestros niños aprenden más de nosotros por lo que hacemos que por las enseñanzas teóricas que les damos.
Como adultos maduros, tenemos una gran responsabilidad de buscar nosotros la verdad, la luz; conocer lo bueno, lo puro, lo recto, para actuar y vivir de acuerdo a tales principios. Con sólo hacer esto, estaremos asegurándonos una niñez y una juventud que sepan vivir y decidir por el bien.
El futuro depende de nosotros; Dios quiere lo bueno y lo mejor, nosotros decidimos lo que queremos mediante nuestras acciones y ejemplo. No olvidemos que nuestros niños son los mejores aprendices e imitadores de nuestra conducta y de nuestra fe.

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