Hay Una Esperanza

Insatisfacción Interior

Abril 6, 2017


Hace algún tiempo, realizamos un viaje educativo a Mérida, Yucatán, México; de tal manera que viajamos por vía aérea con escala en el Distrito Federal, ahora Ciudad de México. Las condiciones climatológicas no eran muy favorables, ya que era época de tormentas y fuertes vientos en esa región. Las dos jóvenes que participaron de dicho viaje con nosotros, viajaron un día antes por otra aerolínea, pero su vuelo fue demorado por varias horas, además de que la maleta de una de ellas no llegó en el mismo vuelo. Ellas, no manifestaron enojo, ni mostraron estar contrariadas, a pesar del inconveniente.

Llegó el día dispuesto para nuestro regreso; las jóvenes debían estar en el aeropuerto antes de las cinco de la mañana, al llegar al aeropuerto les fue informado que su vuelo de Mérida hacia el D.F. había sido cancelado, que deberían tomar uno más tarde y que no había manera de que hicieran la conexión de regreso a Honduras; ellas mantuvieron la calma esperando una salida de parte de Dios. La señorita del mostrador buscaba de una y otra forma y no parecía encontrar solución. Fue entonces cuando mi esposo le sugirió ver la manera de enviarlas en el mismo vuelo nuestro, por otra aerolínea, y así fue; de manera que viajamos juntos de regreso, es decir que todo resultó mejor que el plan original.

Nuestro vuelo para salir de Mérida fue demorado debido al abundante tráfico aéreo, esperado para el momento de aterrizar en el aeropuerto Benito Juárez del Distrito Federal. Abordamos y nos estábamos sentando, cuando de pronto la aeromoza le hizo saber a la señora que iba en la fila delante de la nuestra, que no podía llevar bolsas enfrente de sus pies, ya que estaban detrás de un mamparo; la señora protestó y de muy mala gana acomodó la bolsa de papel en el compartimento de arriba.

Cuando iniciaron el servicio a bordo, la señora pidió cerveza Corona, pero solamente tenían Heneiken, así es que muy contrariada la tomó; en la segunda ronda tomó otro tipo de cerveza.

Llegó el momento del aterrizaje, después de alguna turbulencia. Tomó algún tiempo para que la aeronave llegara hasta su puerta asignada. La señora comenzó a hablar en voz alta, dirigiéndose a la aeromoza que permanecía sentada, por instrucción del Capitán. Le decía que ella necesitaba pararse para ir al baño, a lo que la aeromoza insistía que debería sentarse. La señora comenzó a hablar improperios en contra de la aerolínea con su compañero de asiento, a quien apenas estaba conociendo. Llegó un momento en que ella muy molesta, se levantó hacia el baño, diciendo con voz de enojo: “Lo siento mucho pero yo necesito ir al baño o me voy a orinar aquí”. La aeromoza levantó el auricular para reportarle al Capitán lo que acontecía, quien de inmediato habló por el altavoz, haciendo saber a los pasajeros que si alguien insistía en pararse, sería remitido a las autoridades. Al salir la señora del baño, esta siguió hablando barbaridades en contra del Capitán y de la aerolínea; esto duró hasta que la aeronave se estacionó en el lugar designado.

Al momento de abandonar el avión, todos los pasajeros expresaban su gratitud a la aeromoza por su servicio; pero esta señora, se aseguró de gritarle bien fuerte: “muy mal servicio”.

Definitivamente hay personas que siempre se van a quejar de todo y jamás encontrarán satisfacción en su vida. No cabe duda que es porque tienen situaciones internas que les provocan frustración y aún amargura. El problema no son los demás, no son las cosas o las condiciones de tal o cual lugar; el problema está adentro nuestro. Aquellas dos jovencitas hubieran tenido razón para quejarse, pero no lo hicieron, porque tenían paz interior; sin embargo, esta señora se molestaba por cosas insignificantes, porque su corazón no estaba bien, la amargura le brotaba por cualquier causa.

Quizás alguno de los lectores se siente identificado con la actitud de esta señora; entonces es tiempo de recibir el amor de Dios para ser sanados y encontrar satisfacción y paz interior. Es necesario reconocer nuestra necesidad, porque si bien sufre el frustrado y el amargado, pero también afecta a todos a su alrededor.

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