Hay Una Esperanza

La Obediencia

Mayo 4, 2017


Cuando éramos niños, nuestros padres nos daban una instrucción, a lo que les respondíamos “ya voy”, mientras seguíamos jugando o haciendo lo que nos interesaba o queríamos en ese momento; quizás nuestros padres nos insistían para apurarnos, ya que lo necesitaban en ese mismo instante. En aquellos tiempos tal vez nuestros padres acudían al castigo físico para lograr que actuáramos, lo cual quizás no era verdadera obediencia.
Hoy día, ya somos madres o padres y tenemos hijos a los cuales les pedimos un favor o les damos una instrucción, casi con seguridad puedo decir que a nosotros nos ocurre lo mismo que les pasó a nuestros padres con nosotros; ellos dicen “ya voy”, pero no lo ejecutan inmediatamente o a veces se les olvida y sencillamente no lo hacen. 
Cuentan de un niño que se negaba a ponerse en pie cuando la maestra les pedía a los estudiantes hacerlo; de manera que la maestra tenía que obligarlo tomándolo del brazo, para que se levantara. El niño molesto se incorporó y dijo: “Estoy parado, pero por dentro estoy sentado”.
En la Milicia los reglamentos son muy estrictos y las personas obedecen a un silbato o a una campana o una bocina. Aprenden a reaccionar las órdenes de sus autoridades a pesar de su deseo, la pregunta es: ¿Será esa obediencia genuina? 
El concepto de obediencia está muy diluido, quizás por causa de que a nuestra alma no le gusta obedecer; hacemos las cosas en nuestro tiempo y a nuestra manera, pero toda obediencia tardía es considerada desobediencia. No es fácil que voluntariamente nos dispongamos a obedecer a los padres, a los jefes o a las autoridades. Es común la desobediencia a las leyes de tránsito, o de tributación; aún a las normas de comportamiento en un lugar público.
Aprender obediencia es la esencia de la vida. Por desobediencia cayó el hombre y por obediencia fue reconciliada la humanidad, por la obediencia de Jesús, el Hijo de Dios.
Querido lector, si a ti te cuesta obedecer, te diré nadie puede en sus propias fuerzas lograrlo, es solamente por Su Gracia, por la divina Gracia que somos capacitados para obedecer. Cuando entregamos nuestro corazón al “Obediente”, Jesús el Señor, Él en nosotros nos capacitará para obedecer con gusto y con gozo. El nuevo nacimiento en el Espíritu cambia el interior del corazón y trae consigo la sujeción a la Palabra de Dios y a nuestras autoridades terrenales, sean padres, pastores, jefes o quien Dios haya escogido como tal. Toda obediencia trae retribución y obedecer la ley de Dios nos garantiza la eternidad.

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