Hay Una Esperanza

Reproducción

Mayo 11, 2017


Hace algún tiempo, mi esposo y yo fuimos invitados a la celebración de los quince años de una jovencita, amiga de nuestra hija menor. De pronto comencé a observar que los participantes en la fiesta eran muchachos que un día, no hace mucho tiempo, nosotros tuvimos en brazos, cuando ellos eran sólo unos bebés.

Al observar con más detenimiento nos encontramos con que nuestros discípulos ya todos andan alrededor de cuarenta y cincuenta años de edad y son los padres de estos quinceañeros, o de otros mayores que ellos, que ya se casaron. Cualquiera diría ¡Nos estamos haciendo viejos!, pero aunque fuera cierto, mi preocupación no es esa, sino más bien esta observación me llevó a hacerme una pregunta ¿Se han reproducido en otros estos discípulos? ¿Nosotros mismos, logramos reproducirnos en ellos?

Todo hombre (varón o mujer) debería siempre en su paso por la vida, dejar una huella, compartir sus talentos y habilidades, perpetuarse en la siguiente generación. Muchas veces hay descubrimientos o experiencias que concluyen en la tumba de alguien porque este no se reprodujo en otro.

Hace muchos años, mientras yo estudiaba en San Juan, Puerto Rico, tuve un maestro de Toxicología, quien era israelita, y además era un anciano sabio; él me decía que quería enseñarme todo lo que sabía y en verdad lo hacía, pues no tenía reservas para compartirme sus conocimientos. Pero más allá de lo científico que me transmitió, me dio enseñanzas para la vida, aún respecto a la reutilización de recursos que a veces desechamos.

Quizás la vida es tan fugaz que no nos detenemos a pensar en estos detalles. El invertirnos en otros definitivamente puede hacer que las próximas generaciones vivan de una mejor manera y que los principios de vida se transmitan a los jóvenes que pronto estarán en control de la sociedad.

¿Cómo te sientes mi querido lector? ¿Eres tú uno de los que piensa que está llegando al ocaso de la vida y no se ha visto reproducido en alguien más? Bueno, quiero decirte que puedes comenzar hoy mismo, y ¿sabes qué? Lo primero que debemos transmitir y enseñar a otros es el temor a Dios. Tus hijos deberían ser los primeros en los cuales tú quieras reproducirte.

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