Hay Una Esperanza

Ciclovías y el Desarrollo

Junio 1, 2017


Cuando llegué a la entonces Villa de La Lima en Septiembre de 1979, para vivir en ella por vez primera, me pareció un lugar diferente e interesante.  Es en verdad una ciudad peculiar, pero una de las cosas que más me llamó la atención era que la bicicleta se usaba mucho como medio de transporte.

Mis hijos que entonces estaban en edad escolar, se movilizaban a su centro de estudios en bicicleta, las amas de casa iban al famoso “Comisariato” a hacer sus compras, trasladándose en bicicleta.  Era muy común que las empleadas domésticas usaran una bicicleta “shoper” para llevar al niño con su lonchera, sentado en el tubo de enfrente.

En esa época solamente había una Escuela Bilingüe, la de “La Compañía”, como se le llamaba a las dependencias de la United Brands, incluyendo la Tela Railroad Company.  La mayoría de los estudiantes vivían con sus padres en casas de madera construidas sobre pilotos, en el área de “La Compañía”, en la misma Villa.

Poco a poco la Villa fue progresando y se convirtió en Ciudad, más y más personas comenzaron a salir para laborar en los alrededores o aún en la ciudad de San Pedro Sula.  Hubo mayor afluencia de carros, así como de buses y “rapiditos” para transporte urbano.  Comenzaron a usarse los “busitos” que hoy llevan y traen a los niños de sus casas a los centros escolares y viceversa.

A pesar del inminente desarrollo, todavía hay muchas personas que dependen de la bicicleta para movilizarse y otras que lo hacen por ejercicio o salud.  Sin embargo, para ellos es un riesgo porque nuestra amada ciudad no cuenta con una Ciclovía.

Sorprendentemente en ciudades muy desarrolladas como Londres y muchas más en Europa y en Japón, se están abriendo cada vez más ciclovías que les permita a las personas viajar sin temor, manejando sus bicicletas, en un área destinada exclusivamente para ellos. Esto promueve que las personas elijan ese medio de transporte, el cual es más económico, más saludable, a la vez que se evita la contaminación ambiental y se despeja la ciudad en momentos de alto tráfico.

Una mañana de estas, una maestra quien viaja haciendo uso de su bicicleta, acompañada de sus dos hijitos y a veces de su esposo, me comentaba como se habían asustado mucho cuando su hijo mayor tuvo que frenar intempestivamente ante la aparición inesperada de un furgón cuyo conductor no tuvo conciencia de la presencia de los niños conduciendo su bicicleta.

Yo creo que mi ciudad, La Lima, en la cual vivo y a la cual quiero mucho, tiene toda la capacidad para desarrollarse en todos los aspectos posibles; el área empresarial es una, la industria y fábricas es otra, las disciplinas de salud y demás; pero también voy a creer y declarar que muy pronto tendremos una “Ciclovía” en La Lima, como tiene La Ceiba.

Es posible mi querido lector que para ti no sea una necesidad; y no lo será hasta que no te toque transportarte en ese medio acompañado de tus pequeños.  Muchas veces no nos interesa algo porque no nos afecta directamente, pero la visión del cielo es que todos nos interesemos en aquello que va a beneficiar o resolverle un problema a otros.  Esto es compasión y es empatía. 

Así como esto que parece sencillo, hay muchas más necesidades de reformas o avances que serán en favor de la sociedad; todo debe interesarnos porque un día nuestros hijos y nuestros nietos se beneficiarán de ello.  Si pensamos de esa manera, entonces también hemos de creer en ello y hacer o que esté a nuestro alcance por lograrlo.  El optimismo es importante y más aún la declaración de nuestra boca en base a lo que creemos.

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