TEMAS DE OPINIÓN

Cambiando los Sistemas

Junio 15, 2017


Hace varios meses regresaba de un corto viaje, cuando la señorita de Migración me hizo ver la situación de mi pasaporte; el cual, aunque tiene todavía cuatro años de vigencia, ya no tiene páginas libres ni espacio disponible en ninguna de las existentes, para poner más sellos de salida o entrada.

Hacía ya un tiempo venía previendo la situación, por lo que investigué si podían colocar nuevas páginas al pasaporte.  La respuesta fue contundente, tendría que tramitar un nuevo pasaporte, aunque este estuviera vigente.

Comencé a indagar acerca del procedimiento para tramitar un nuevo pasaporte, así es que decidimos hacerlo cuanto antes, ya que pronto realizaremos otro viaje.  Me preparé de prisa con los documentos que consideraba necesarios y nos enfilamos hacia San Pedro Sula.

Al llegar al Banco, donde íbamos a comprar la cita para el trámite, busqué con mi mirada la fila para clientes de la tercera edad, tomando los documentos de mi esposo y míos.  Cuando finalmente me atendieron, la señorita en ventanilla me dijo que el trámite era personal, que por ende, mi esposo tendría que hacer el suyo propio.  Le dije, pero él está aquí conmigo; ella dijo, no, él tiene que hacer otra nueva fila para ser atendido, porque no puede haber dos personas en ventanilla. 

El sistema reportó que mi cita sería para casi un mes después; le dije a la señorita que necesitaba que el trámite fuera urgente, ya que en tan sólo ocho días debería viajar.  Ella me respondió que en tal caso, yo debería de ir primero a Migración y que solamente si ellos se comprometían a ayudarme, entonces ella me vendería la cita normal para un mes más tarde, que luego debería volver para que en Migración me extendieran un recibo, con el cual yo debería ir a pagar veinte dólares en el banco para luego hacer fila otra vez, para el trámite en mención.  Definitivamente, esto me pareció muy absurdo, pero no tuvimos otra opción.

Al llegar a preguntar a Migración por dicho trámite, la persona en la puerta nos dijo que deberíamos llevar el pasaporte anterior para comprobar nuestra necesidad y además, el boleto aéreo para demostrar que si teníamos que viajar pronto.  Había llevado conmigo los pasaportes, pedí por correo electrónico el boleto para mostrarlo en forma digital.  Regresamos al Banco para comprar la cita regular; luego volvimos a las oficinas de Migración.  Casi forzadamente logramos ingresar para hacer fila en la ventanilla que decía: Recibos para Pasaportes Urgentes.  Después de media hora haciendo esta fila, mientras había unas cinco personas delante de nosotros, el dependiente de la ventanilla dijo muy tranquilamente: Se acabaron las citas para pasaportes urgentes, deben volver mañana por la mañana y hacer fila otra vez.  Mi esposo un tanto molesto le dijo, pero esto es ilógico, no puede extendernos hoy el recibo para mañana? A lo que el dependiente respondió categóricamente: No, tiene que volver mañana a las ocho de la mañana y hacer fila de nuevo.

Estos son los momentos en que uno siente que le halan los pelos hacia arriba o que la sangre le hierve por dentro, pero mis queridos lectores, sólo una opción, respirar profundo, calmarse y bendecir al gobierno y a sus empleados. 

Después recordé que hacía un tiempo, me había sorprendido al ver la corrupción en la manera como se manejaban los pasaportes urgentes; por lo que oré a Dios y Él me respondió en dos semanas.  Así es que esta vez pensé: “Voy a orar esta vez para que el sistema se torne eficiente, sé que Él me va a responder”.  Resulta que en el siguiente viaje que realizamos, nos robaron nuestros documentos personales incluyendo el nuevo pasaporte. No podía creer que tendría que pasar otra vez por dicha burocracia y deficiente sistema.  Pero, ¿sabe qué? La oración funcionó; cuando fuimos a tramitar de nuevo nuestros pasaportes, la forma de atención había cambiado y pudimos obtenerlos en menos tiempo y sin mayor complicación, a pesar de que tuvimos que demostrar que los anteriores habían sido robados.

Querido lector, hay poder en la oración, para cambiar circunstancias y situaciones adversas, cuando oramos a Aquel que todo lo puede y que nos escucha porque somos Sus hijos amados. 

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