Hay Una Esperanza

El Amor

Agosto 10, 2017


“El amor” es una frase expresada muchas veces con ligereza, otras tantas veces con profundo sentimiento y muy pocas veces con el verdadero sentido y concepto de todo lo que implica y abarca.

Solamente los que verdaderamente han experimentado el amor en su plenitud, podrían hablarnos con propiedad de ello.  El amor no es un sentimiento que perece con el tiempo, tampoco consiste en sentir mariposeos en el estómago, ni tiene que ver con perder el apetito y experimentar ansiedad por ver a la persona amada.

Dios es amor, por lo tanto, no podemos concebir el amor alejado de la persona de Dios.  Eso significa que, solamente aquellos que han recibido y experimentado el profundo amor de Dios, pueden también amar a otra persona.

El hombre natural, varón o mujer, tiende a enamorarse de las características externas de una persona, inclusive de las virtudes o cualidades de ella.  El problema es que cuando pasa el tiempo y la persona va cambiando en su personalidad o forma de actuar, el enamorado deja de estarlo porque lo que antes le gustaba ya no está presente; o bien le cambiaron los gustos al enamorado.

 La Biblia nos dice que el amor nunca deja de ser; quiere decir que aquellos sentimientos que fueron y ya no son, nunca fueron amor, sino solamente eso: sentimientos.

La Escritura también nos dice que el amor es sufrido, que todo lo soporta; quiere decir que aun cuando uno de los dos fallara o cambiara, o hiciera algo indebido; la otra persona, si realmente ama, lo va a soportar y a sufrir, pero nunca dejará de amar y por ende podrá perdonar sin amargura.

Aunque la manifestación del amor es diferente cuando se trata de padres a hijos, o de hermanos a hermanos, o entre esposos; la esencia es siempre la misma porque solamente siendo llenos del amor de Dios podemos amar, ya sea al cónyuge, o a los padres o a los hijos.  El amor de Dios en nuestro corazón es la fuente inagotable para poder amar a otros.

Es decir mis queridos lectores que si nos damos cuenta que hemos dejado de amar a aquel o a aquella a quien le prometimos amor eterno, si ya nos molestan ciertas actitudes suyas; debemos preguntarnos si el amor de Dios está en nosotros.  La Biblia nos dice que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.  Si el amor perfecto y verdadero no está en nosotros, es porque seguramente el Espíritu Santo no está en nosotros y por ende no se ha derramado el amor de Dios en nuestro corazón.

Si nos interesa cambiar, si quisiéramos amar a esa persona que decimos que ya no amamos, la pregunta es ¿Cómo haremos para que el Espíritu Santo venga a derramar el amor a nuestro corazón?

Cuando nosotros recibimos las buenas nuevas de salvación, es decir, cuando nos es predicado el Evangelio y nos dan la gran noticia de que Jesucristo, el Hijo del Dios viviente, vino a la tierra, obedeció al Padre, derramó Su sangre hasta padecer muerte; pero que no se quedó en la tumba, sino que resucitó al tercer día, subió, se sentó a la derecha del Padre y pidió que fuera enviado Su Espíritu Santo; entonces al creer, por la acción de Dios mismo, recibimos en nuestro espíritu al Espíritu de Cristo o Espíritu Santo.  En ese momento, el amor de Dios es derramado en nuestro corazón; de manera que podamos amar a Dios en primer lugar, después a nosotros mismos y luego a los demás.

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