Hay Una Esperanza

Los Vacíos del Corazón

Agosto 17, 2017


Conozco a un hombre muy trabajador, que hace las cosas con excelencia, es ingeniero contratista de proyectos de petróleo en un país del norte.  Este hombre viaja también a los Estados Unidos tanto por sus negocios como por apoyar la obra de Dios.  En uno de sus viajes, del cual yo también participé, él buscaba por todas las tiendas, una cartera marca Michael Kors con especificaciones muy particulares.  Yo sabía que no era para su esposa, porque ella es una mujer sencilla.  Le pregunté para quién era y me dijo: Es un encargo que me hizo una ingeniera, una de las supervisoras de mis proyectos.  Recuerdo que en ese momento le dije, yo siento que ella es una mujer muy necesitada de Dios, que tiene vacíos en su corazón que no puede llenar con cosas de este mundo.

Pasaron varios meses y no supe más de esta mujer, aunque si sigo teniendo comunicación frecuente con este hombre de Dios.  Recientemente, una noche de estas, me comentó el ingeniero que su esposa iría a visitar a la ingeniera supervisora, junto con una hija adoptiva que tengo en la misma ciudad donde ellos viven.

Hablé con mi hija y le pregunté cómo le había ido platicando y orando por la señora supervisora; a lo que ella me respondió: Tiene una gran necesidad de Dios, llegó con mala cara, como amargada; durante la conversación ella se comía sus uñas, se tronaba sus dedos, estaba metida en un cautiverio espiritual.  Pero cuando oramos, ella fue libre y después su rostro le había cambiado; aún aceptó tener una conversación juntamente con su esposo, con esta pareja que está interesada en ayudarles.

Querido lector, quiero comentarte que muchas veces los síntomas o señales naturales de insatisfacción, la aparente necesidad de llenar la vida con artículos nuevos, con salidas frecuentes, fiestas, bebida y otras cosas más, sólo es un reflejo del abismo profundo en el cual la persona está sumergida.  Es necesario que venga alguien más a tenderle una cuerda espiritual de amor y liberación para sacarla, pues la persona no está en la capacidad de salir sola; no tiene fuerza interior para hacerlo.

Pero existe una salida para todos, Jesús vino a dar libertad a los cautivos y apertura de cárcel a los presos; presos de su iniquidad y concupiscencia.  Todo aquel que ha sido libertado por Jesús, que ha salido de un cautiverio, sea cual sea; tiene la autoridad para liberar a otros, pues lo que hemos recibido por pura gracia, podemos darlo a los demás por la misma gracia divina.

Son miles y miles de personas que se sienten atrapadas en una maraña emocional, de la cual no pueden salir; tanto varones como mujeres sufren por esto.  El origen es la falta de sanidad en el corazón, heridas de rechazo de la infancia, vacíos que no pueden llenarse sino con la presencia de Dios; ataduras que no pueden soltarse y cárceles cuyos barrotes no se rompen fácilmente sino por el poder de Dios.

Cuando Jesús vino a la tierra, Él sabía que Su comisión era darle libertad a los cautivos, sanar a los quebrantados de corazón, darle alegría y gozo a los afligidos, quitarle el luto a los angustiados; en su tiempo en la tierra de Israel Jesús cumplió Su cometido, pero Él está ahora a la derecha del Padre, de manera que envió a Su Espíritu Santo para que a través nuestro, sigamos la labor que Él comenzó, pero ahora, no sólo en Israel, sino hasta lo último de la tierra. Todos tus vacíos pueden ser llenados por el único que tiene la capacidad de hacerlo, el Espíritu Santo de Dios.

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