Hay Una Esperanza

Ilusión Efímera

Agosto 24, 2017


Recientemente visitamos una ciudad de la república mexicana, donde tuvimos la oportunidad de saludar a un muchacho a quien conocimos hace más de diez años.  En aquella época era un joven soltero, con estudios profesionales, era maestro de la Universidad y gerente de su propia empresa.  Algún tiempo después de conocerlo, se enamoró de una joven varios años menor que él, pero lo más importante por lo cual no se le veía mucho futuro a aquella relación, es porque él amaba y servía a Dios, mientras ella solamente asistía a la congregación por acompañarlo a él.  Esta muchacha era su asistente en uno de sus trabajos, culminando la relación en un idilio que los llevó a casarse.

De este matrimonio nació una preciosa niña, orgullo de su padre.  El tiempo transcurrió, ella obtuvo un trabajo diferente, mientras él atendía cuatro diferentes trabajos que no le permitían atender a su esposa e hija.  Un día ella comenzó a salir con amigos después del trabajo, llegando a casa a altas horas de la noche. La situación se volvió habitual, hasta que un día el esposo explotó y quiso reclamarle a su esposa aquel comportamiento, incorrecto para una mujer casada.  Ella con mucha tranquilidad le hizo saber que no pensaba cambiar de proceder, que además ella no lo amaba y que lo mejor sería separarse.

Cuando vi a este joven recientemente, él se aferraba a su hijita, como si fuera lo único que tuviera.  Conversando con él un poco, me enteré que hacía unas cuantas semanas él había salido de su casa, dejando a su esposa e hija, ya que la situación era insostenible.  Podía notarse muy bien como él había sido muy lastimado en su autoestima y aún en su dignidad de varón.  En el arreglo que hicieron él y su esposa, él puede ver a su hija cuantas veces quiera y aún tenerla consigo los días domingo.  Él me comentaba que cada noche él llega para cenar con su hijita y acostarla hasta que ella se duerma; y cómo cada día la niña se duerme más tarde, porque ya sospecha o se percató de que su papá se va de la casa cuando ella se duerme.

Pude ver la tristeza reflejada en el rostro de este joven; un sentimiento de fracaso a pesar de sus logros profesionales y empresariales.  Comentan algunos de sus empleados que en el último tiempo, él se nota inseguro, da una instrucción y al rato la contradice.  Eso me asombró mucho, después de haberlo conocido como alguien muy consistente y firme, sobre todo en el aspecto profesional.

Es increíble como una mujer puede destrozar la vida de un varón, si este se lo permite.  Pero aun así, siempre Dios tiene una salida; mi consejo en todo momento fue “Debes enamorarte del Señor Jesús y hacerlo el centro de tu vida”.  Le hice saber, aunque es algo que él no ignora, que mientras su esposa sea el centro de sus pensamientos, él estará en idolatría, lo cual no le permitirá salir de la condición en que se encuentra. Él parecía entenderlo muy bien, pero a la hora de actuar, su vida manifestaba otra cosa. Una cosa es lo que la mente asimila y otra es la que el corazón puede recibir.

Cuánto lamenté verlo en esa condición, pero definitivamente llega un punto en el cual no podemos hacer mucho para ayudar a alguien que no tiene la fuerza para tomar determinaciones firmes para ser libre de lo que le atormenta.  Quizás tú dirás que no es lo mismo verlo de afuera que vivirlo; yo sé bien que es cierto, pero repito que hay una salida y una solución, pero esta comienza con Cristo siendo el Señor de nuestro corazón.  Hay una necesidad que sólo Él puede llenar.

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