Hay Una Esperanza

Educadores Que Transforman

Abril 13, 2017


En días recién pasados, recibimos una solicitud de trabajo en nuestra Imprenta; se trataba de imprimir unas hojas de papel membretado y otra papelería relacionada. La persona que estaba haciendo el diseño me preguntó, qué hacía, ya que el cliente en su solicitud había escrito “Boulevar”, pero en la muestra había escrito “Boulevard”; le dije a la diseñadora, debes corregirlo, escribirlo correctamente antes de imprimirlo; en todo caso la forma aceptada en español es “bulevar”, le dije. Ella me dijo, “pero nosotros debemos hacerlo tal y como el cliente lo solicita”; le respondí, creo que nuestra misión es educar a los clientes.

Entendí muy bien el conflicto de ella, ya que la responsabilidad de la Imprenta es imprimir exactamente lo que el cliente pide; sin embargo, tengo muy claro que no somos como todos, tenemos una misión para producir un cambio en la mentalidad del pueblo, con el objetivo de conducir a nuestra ciudad y a nuestra nación a un mayor nivel de desarrollo y excelencia.

Cuando ella ya estaba imprimiendo las hojas de acuerdo al pedido, me mostró una de las hojas y le dije “hay un error”, está repetido el número de teléfono y de fax, estos aparecen en el encabezado, pero también en la parte inferior, debajo de una línea. Una vez más ella me dijo, “pero así lo solicitaron ellos y así aprobaron la muestra que les envié”.

Que tremenda situación esa; por un lado queremos acatar las instrucciones del cliente y agradarlo, pero por otro lado sabemos que debemos enseñarles a mejorar, en la medida de nuestra capacidad y conocimiento.

Hay educadores que lo hacen desde la cátedra de una escuela, colegio o aulas universitarias; pero hay otros educadores que lo hacen de forma natural a lo largo de la vida. Estas personas son las que con su forma de vivir provocan cambios y transformaciones de estructuras para afectar a toda una sociedad, paso a paso.

Muchas veces me encuentro con un conflicto similar, cuando me invitan a compartir un mensaje o a dictar una conferencia. Regularmente la persona que me invita quiere que yo siga ciertos esquemas o estructuras, que yo sé muy bien que están fuera de la verdad, o al menos difieren de aquello que yo creo porque me ha sido revelado. Yo podría hacerlo para agradar a mi anfitrión, pero estaría desagradando al Señor mi Dios.

Cada persona tiene un área interior llamada conciencia, a través de la cual nos damos cuenta si algo es moralmente correcto o incorrecto, si es bueno o malo, justo o injusto. En nuestra conciencia están grabados los estándares de las situaciones en las cuales nos desenvolvemos. Por eso la respuesta en cada situación es muy diferentes entre las personas, porque la conciencia trabaja de manera individual y particular.

No todas las personas están anuentes a recibir corrección o enseñanza en aquellas cosas que ellos consideran que hacen bien. Sin embargo, hay unas cuantas que dirán: “Estoy para aprender, por favor corríjame todo lo que sea necesario”. El que no tiene espacio para aprender, ya no tiene nada que enseñar.

Por la gracia de Dios, algunos hemos recibido más luz sobre ciertas cosas y temas que otros; eso no nos posiciona en lugar de superioridad, sino que nos convierte en servidores que reconocemos que lo que de gracia hemos recibido, hemos de compartirlo por gracia. Entendemos pues que hay una responsabilidad que reposa sobre nosotros para hacer de este mundo un lugar mejor para vivir.

En todas las áreas y aspectos de nuestra vida, encontraremos siempre la oportunidad de educar a otros, y también de ser educados por otros. Nuestra meta debería de ser la transformación integral del individuo, espíritu, alma y cuerpo. Educar espiritualmente y moralmente conlleva una mayor responsabilidad y sólo se hace posible mediante la sabiduría de Dios. Cuando caminamos en esa sabiduría, no tenemos necesidad de pensar y esforzarnos sobre cuál sería la forma correcta de actuar, ya que se vuelve una condición normal en nuestra vida, actuamos como a nuestro Padre Dios le agrada, porque llegamos a conocer muy bien los principios espirituales para vivir con una conciencia tranquila. Parte de la conciencia en paz tiene que ver con ejercer la responsabilidad de educar a otros moralmente para producir una transformación interior.

Espero querido lector que usted que tiene tanto que ofrecer, pueda con la ayuda de Dios, impartirle a otros y convertirse en un transformador. Pero espero también que usted esté dispuesto a ser impartido y enseñado. ¡El futuro será mejor si adoptamos dicha actitud!

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