Enseñanzas

Palabra con autoridad apostólica y revelación profética.

Reunión General

La Misión de La Iglesia

por Emma de Sosa

Dic 15

2013

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ES15122013 La Misión de la Iglesia: Fructificad y Multiplicaos

 

Y creó Dios al hombre a su imagen a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Génesis 1:27-28.

 

 

            El Señor les dio cinco instrucciones al primer varón y a la primera mujer, pero antes de eso los bendijo. Dios antes de pedirte algo, siempre te va a bendecir. Él nos da toda la provisión y toda la capacidad y toda la materia prima para desarrollarlo o realizar aquellas cosas que Él nos instruye a hacer. Si Él te pide algo, es porque ya te dio lo necesario para responder a esa solicitud. Las cinco instrucciones son:

 

  • Fructificad
  • Multiplicaos
  • Llenad la tierra
  • Sojuzgad la tierra
  • Señoread sobre las especies animales en los 3 ámbitos.

 

Para que podamos llevar fruto, es imprescindible tener comunión con Dios. La razón por la cual Dios le dijo al hombre que fructificara, es porque Dios había puesto en el hombre Su semilla. Cuándo Dios sopló en sus narices aliento de vida, le estaba poniendo Su semilla al ser humano; estaba poniendo Su naturaleza, Sus genes y Su Simiente. De hecho, algunas versiones dicen que no fue que sopló, sino que habló sobre el hombre porque Sus Palabras son Espíritu y son vida. Sus Palabras son semillas de vida. Dios le estaba pidiendo al hombre que diera fruto de acuerdo al género de las semillas que Él le había soplado en las narices.

 

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará. Salmos 1:3

 

Este pasaje, se refiere al hombre de la nueva creación, a un hombre que está junto a corrientes de agua viva. Las corrientes de agua viva representan al Espíritu Santo de Dios. Cuando nosotros estamos ligados al Espíritu Santo, seremos como un árbol bien fructífero y frondoso; cuyas hojas no caen y todo lo que haga va a prosperar porque las raíces están bebiendo del agua de vida.

 

Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará ni dejará de dar fruto. Jeremías 17:8

 

 

 

 

El hombre que está ligado al Espíritu Santo permanece en abundancia de agua viva, aunque haya sequía alrededor, siempre tendrá suficiente vitalidad para producir fruto. No importa que haya escasez, no importa que haya tibieza, no importa que haya tiniebla, no importa que haya crisis; el hombre, el varón o la mujer, que está sembrado y cimentado junto a las corrientes de las aguas siempre dará fruto; nunca se fatigará, nunca será estéril, sino que su hoja estará verde y siempre dará fruto. El fruto también tiene semilla, excepto aquellos que han sido manipulados genéticamente. Esta manipulación es contra de la naturaleza divina. El orden de Dios es que todo fruto tenga semilla, porque Él quiere que el fruto se multiplique. La única manera cómo se pueden multiplicar las especies es a través de la semilla. En el caso de los animales y de los seres humanos, nos reproducimos a través del semen o la simiente del varón.

 

Si el varón no tiene semen, no tiene semillas; no puede haber reproducción. Primero tiene que venir el fruto para que tenga la semilla, y después se pueda multiplicar. El varón y la mujer tenían las semillas, las simientes para poderse multiplicar de la misma naturaleza de Dios. Ahora hay quienes contaminan las semillas y la multiplicación es incorrecta porque la semilla está adulterada.

 

Cuando la mujer escuchó a la serpiente en el huerto, lo que esta le habló, era para distorsionar el proyecto a cambiarle el diseño. Ella fue contaminada, es decir, la semillas de vida que tenía, la cual Dios había soplado en sus narices, se contaminó con la iniquidad de la serpiente que le estaba torciendo el diseño de Dios. La serpiente la engañó y la mujer permitió que la semilla se contaminará. A partir de la desobediencia del hombre, este dejó de ser la imagen de Dios en la tierra; aunque después ellos se multiplicaron, fue en maldad y de una forma incorrecta.

 

            Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas tomaron, para sí mujeres, escogiendo entre todas. Génesis 6:1-2

 

Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra y le dolió Su corazón. Génesis 6:5-6

 

            Dios decide destruir la tierra y todo lo que había en ese momento porque el panorama que Dios estaba viendo era totalmente diferente a lo que Él quiso tener en el huerto de Edén; el hombre ahora estaba dirigido por el mal, se ha había multiplicado en maldad y Dios dice: “Me pesa ahora haber creado al hombre, voy a destruir la tierra, voy a quitarlos de aquí.” Pero Él siempre quiso preservar la semilla. Hay una simiente que Dios siempre mantiene a través de todas las generaciones; para que no se pierda Su naturaleza. Noé fue justo, y Dios lo usó para preservar Su semilla. Él fue obediente a pesar de las burlas de los demás y nunca cuestionó a Dios. Por la obediencia y justicia de Noé, se salvó su esposa, sus hijos y sus nueras.

 

Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra. Génesis 9:1

 

Mas vosotros fructificad y multiplicaos; procread abundantemente en la tierra, y multiplicaos en ella. Génesis 9:7

 

Dios está diciendo: “Es a través de ustedes que he preservado mi Simiente, multiplíquense; pues quiero que la tierra se llene, de hombres, varones y mujeres, que tengan mi Simiente. Aunque Noé era un varón justo y por sus obras estaba tratando de ser obediente a Dios, estaba contaminado por la iniquidad. Todos los hombres que nacieron después de Adán y Eva, nacieron en iniquidad; fuimos concebidos en iniquidad, tenemos una semilla de iniquidad que solamente Cristo puede vencer con el Espíritu de Su boca y el resplandor de Su venida.

 

Cristo, Imagen y Simiente de Dios

 

Cuando el Señor mira que todos los hombres fallan eventualmente, el Verbo de Dios dice: “Heme aquí, envíame a mí.” Entonces Dios promete, y se comienza a profetizar de que del tronco de Isaí nacerá un vástago y que de ahí vendrá la simiente santa y bendita; este es el Señor Jesucristo, que vendrá para recuperar la imagen y semejanza de Dios en la tierra y para hacer la simiente pura; porque dice la escritura que en Cristo no hay iniquidad, en Él no hay torcedura. Entonces, tenía que venir alguien en quien no hubiera iniquidad para poder recuperar la simiente Santa; para poder recuperar la condición la genética espiritual de la imagen de Dios en la tierra.

 

Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Colosenses 1:15

 

Cuando hablamos de imagen, siempre hablamos de algo que es visible a los ojos naturales; por eso Dios puso su semilla en Adán al principio, porque Adán tenía un cuerpo físico y podía operar legalmente en esta dimensión. Y por eso, el Señor Jesucristo tuvo que tomar cuerpo de carne en el vientre de una mujer para que pudiera ser una imagen visible.

El Señor Jesucristo es la imagen visible o fue la imagen visible de un Dios invisible; hoy en día, el Señor Jesucristo tiene cuerpo glorificado y está a la derecha del Padre. De manera que la imagen visible del Dios invisible hoy día somos nosotros.

 

Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Gálatas 3:16

 

Cuando fueron hechas las promesas a Abraham y a su simiente estaba hablando del Señor Jesucristo; que es descendiente de Abraham, pero es en Cristo, nuestra Simiente, que están todas las bendiciones que le fueron declaradas a Abraham. Cuando dice: “En ti serán benditas todas las familias de la tierra” eso es para nosotros. A nosotros nos pertenecen las bendiciones del Señor.

 

¿Cómo sabemos si hemos nacido de nuevo? Porque aborrecemos el pecado y la maldad, y amamos la santidad, anhelamos a Dios, deseamos agradarlo y obedecerlo; vivir como Él y permanecer en Su Palabra.

 

Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. 1 Pedro 1:23

 

El primer nacimiento fue de semilla humana, de semen de hombre, pero el segundo nacimiento fue de Semilla Santa, de la Palabra de Dios. Cuando nacimos de nuevo en el Señor, y abrimos nuestro corazón para que el Espíritu Santo venga a morar en nosotros, la Simiente Santa entra en nosotros; la semilla de la palabra de vida nos hizo nacer de nuevo. Dios también, sopló sobre nuestro espíritu para darle vida nueva y nacimos de nuevo a través de la Palabra que salió de la boca de Dios, a través de la Palabra que nunca se marchita, que nunca perece, que es incorruptible y permanece para siempre.

 

Si nosotros nacimos de nuevo en la Palabra de Dios, tenemos que dar fruto con semilla de vida. En nuestro fruto tiene que estar la Palabra de Dios. Cuando la Palabra está habitando en nosotros, cada vez que abramos nuestra boca, hablaremos Palabra de Dios, semillas para producir vida, para procrear personas y para que otros nazcan de nuevo. No tenemos que hacer nada, sólo ser el vientre de Dios en la tierra. Nosotros somos los vientres, y el Señor, a través de Su semilla, nos fertiliza para poder dar fruto.

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Juan 15:1-8

Sólo a través de Su Palabra podemos ser limpiados de toda iniquidad. Nosotros recuperamos, a través del Señor Jesucristo, la imagen y semejanza; con Él nosotros damos fruto y el fruto tiene buena semilla.

El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer la obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios. 1 Juan 3:8-10

Un verdadero nacido de Dios, y de la Simiente Santa, aunque quiera pecar, no puede y por mucho que intente no puede pecar bien. Porque la Simiente de Dios está en él, y el Espíritu de Dios le habla a la conciencia. En eso nos damos cuenta si somos hijos de Dios. Aunque a veces en momento de tentación y debilidad caigamos, si la Simiente de Dios está en nosotros, no nos va a permitir ser practicantes del pecado.

Jesús les daba Su enseñanza a Sus discípulos, pero no Su naturaleza; Él tenía la Semilla, pero porque no había sido glorificado, todavía no la podía reproducir.

Jesús Resucitado

Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiréis los pecados, le son remitidos; y a los quienes se los retuviereis, les son retenidos. Juan 20:21-23

Les transmitió Su aliento y los envió. Después de que el Espíritu Santo vino en Pentecostés y se posó sobre todos ellos. Ellos necesitaban la Simiente para comenzar a multiplicarse, pero el Espíritu Santo tenía que venir para llenar a todo el que cree en Él, para que las semillas se sigan reproduciendo.

La Iglesia del Primer Siglo

En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como de ciento veinte en número), y dijo: Hechos 1:15

Recibir al Espíritu Santo es recibir la naturaleza de Dios, es recibir Su semilla, Su simiente, Su Palabra. Porque el Espíritu de Dios nos lleva a toda verdad, la verdad es la Palabra, y la Palabra es Cristo. Cuando recibimos al Espíritu Santo también recibimos la Palabra vivificante de Dios.

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Hechos 2:41-42

Perseverar en la doctrina de los apóstoles, tener comunión unos con otros, partir el pan y orar juntos, es un ambiente propicio para la multiplicación de la Semilla. Hay iglesias que no se multiplican por que no crean este ambiente propicio.

Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil. Hechos 4:4

Si descuidamos la oración y el estudio de la Palabra, perdemos unción y no nos multiplicamos.  Los discípulos, por estar trabajando en obras sociales, habían descuidado su llamado y no se estaba multiplicando la iglesia. Al darse cuenta, delegaron esta labor a hombres confiables, de buen testimonio y llenos del Espíritu Santo.

A los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron manos. Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe. Hechos 6:6-7

Cuando la Escritura habla de la parábola del sembrador, está hablando de las semillas que regó en diferentes tierras y lugares: a la orilla del camino, sobre las piedras, etcétera. Siempre que regamos la Palabra del Señor, Él nos va a dar más Palabra para poder sembrar. El que tiene la Palabra encerrada; tiene la semilla ahogada, asfixiada. ¿cómo nos va a dar más semilla el Señor, si nosotros no usamos la que tenemos? El deseo de Dios es que esa semilla se multiplique.

Dios Sustenta Nuestra Sementera

            Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce acción de gracias a Dios. 2 Corintios 9:10-11

Dios da semilla al que siembra y pan al que come. Si sembramos material o económicamente, Él también nos va a dar semilla para sembrar, pero también semilla para comer. No toda la semilla que nos es dada es para comer, también tenemos que sembrar. Es lo mismo con las finanzas y con la Palabra de Dios. La multiplicación va a ser a través de que compartamos la Palabra de Dios o demos semillas en otros terrenos, en otras personas que están necesitados de ella. Dios no nos salvó para que estemos cómodos y conformes, y dejemos de reproducir la semilla.

Para multiplicarnos no necesitamos estar perfectos, el Perfecto vive en nosotros; somos la imagen y semejanza de Dios, porque la semilla es perfecta. Él nos envió a predicar el Evangelio a toda criatura, predicar a tiempo y fuera de tiempo, podemos estar haciendo un montón de obras buenas, pero si no estamos haciendo la comisión principal, que es predicarle a otros y sembrar la semilla y multiplicarla, estamos desobedeciendo la primera comisión del Señor: Fructificar y Multiplicarnos.

Necesitamos poner a trabajar la semilla, sin importar que tan pequeño sea el fruto. No necesitamos tener tantos estudios bíblicos, no necesitamos tanta profundidad, lo que necesitamos es declararle a la gente que Jesucristo murió por nuestros pecados, y resucitó al tercer día para darnos vida y vida en abundancia; imponer manos sobre los enfermos y estos sanarán, necesitamos creer que Dios todavía puede hacer milagros creativos a través de nosotros. Cuando comencemos a multiplicar la semilla, nos vamos a impresionar de cómo nos vamos a apasionar por el Señor y por Su obra; y cuando estemos apasionados de verdad, siempre estaremos contentos, buscaremos el abrazo de los hermanos, nos gozaremos en la alabanza sin juzgar si la alabanza esta ungida o no; por qué cuando la pasión de Dios está en nosotros, siempre estamos bien en Cristo Jesús.

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