Palabra con autoridad apostólica y revelación profética.
Domingo 8 de julio 2012
Hna. Emma A. Pinel de Sosa
El Dios de Nuestros Padres
Mientas meditaba en lo que estaba preparando para hoy pensaba en que muchos de nosotros tenemos años de conocer al Señor. Y tenemos el privilegio de haber nacido en una generación bendecida y que nosotros nos podemos parar y decir: “hasta aquí satanás, no vas a seguir destruyendo mi familia ni mis generaciones”. ¿Ha meditado en que usted se constituyó en un poderoso agente de cambio para hacerle un alto al enemigo e impedir que siga destruyendo las generaciones? Nosotros somos los responsables de traer la bendición a nuestras generaciones venideras. Yo meditaba en que tengo la seguridad que miraré a mis bisnietos adorando al Señor en este lugar, porque las promesas del Señor son sí y amén. Usted decidió levantarse como una generación de cambio, como una persona llena de la bendición de Dios para que tenga que retroceder toda tiniebla y romper todo aquello que el enemigo ha querido lanzar para destruir el diseño y el propósito suyo y de sus generaciones.
Quiero hablarle un poquito del Dios de nuestros padres. Nosotros hemos modelado el Dios en quien creemos. Que bonito es que un joven pueda decir: “Yo creo en el Dios que mis padres creyeron porque es un Dios de milagros y le amo porque ellos le aman.”
Quiero basarme un poquito en Zacarías y Elisabeth para hablar lo que Dios quiere hablarnos. Sé que se nos ha hablado de esto, pero veremos otro aspecto en torno a la familia y responsabilidad que como padre tenemos acerca de nuestros hijos.
Zacarías y Elizabeth (Lucas 1:5-25)
“Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet. 6Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor. 7Pero no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran ya de edad avanzada. 8Aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios según el orden de su clase, 9conforme a la costumbre del sacerdocio, le tocó en suerte ofrecer el incienso, entrando en el santuario del Señor.
10Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso. 11Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. 12Y se turbó Zacarías al verle, y le sobrecogió temor. 13Pero el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. 14Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; 15porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. 16Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. 17E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto. 18Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada. 19Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas. 20Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo. 21Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se extrañaba de que él se demorase en el santuario. 22Pero cuando salió, no les podía hablar; y comprendieron que había visto visión en el santuario. Él les hablaba por señas, y permaneció mudo. 23Y cumplidos los días de su ministerio, se fue a su casa. 24Después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se recluyó en casa por cinco meses, diciendo: 25Así ha hecho conmigo el Señor en los días en que se dignó quitar mi afrenta entre los hombres.”
Puntos Importantes
El ministerio de Juan no fue nada difícil, habían pasado 11 generaciones las que vivieron sin voz profética. Era necesario el espíritu profético, como hoy día, para preparar el camino para el Señor. Así es que Juan no tenía una comisión nada fácil, pero la respuesta de Dios vino.
Se necesita que se levante aun en este tiempo uno con el espíritu de Elías para poder levantar una nueva generación. Pero para que eso pase necesitamos tener padres con las características de Zacarías y Elizabeth, con temor de Jehová.
Nacimiento de Juan (Lucas 1:57-66)
Cuando a Elisabet se le cumplió el tiempo de su alumbramiento, dio a luz un hijo. 58Y cuando oyeron los vecinos y los parientes que Dios había engrandecido para con ella su misericordia, se regocijaron con ella. 59Aconteció que al octavo día vinieron para circuncidar al niño; y le llamaban con el nombre de su padre, Zacarías; 60pero respondiendo su madre, dijo: No; se llamará Juan. 61Le dijeron: ¿Por qué? No hay nadie en tu parentela que se llame con ese nombre. 62Entonces preguntaron por señas a su padre, cómo le quería llamar. 63Y pidiendo una tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron. 64Al momento fue abierta su boca y suelta su lengua, y habló bendiciendo a Dios. 65Y se llenaron de temor todos sus vecinos; y en todas las montañas de Judea se divulgaron todas estas cosas. 66Y todos los que las oían las guardaban en su corazón, diciendo: ¿Quién, pues, será este niño? Y la mano del Señor estaba con él.
Puntos Importantes
Por ejemplo, mi hijo Oscar antes de casarse con mi hija Iona, tuvo una relación que le consumía toda la vida espiritual aunque la muchacha era una cristina, de una casa profética. Yo comencé a afligirme como madre, y tome la responsabilidad como madre porque yo sabía que eso acabaría con su vida espiritual. Y no era que yo tenía en mente que Ionita fuera su esposa, no. Yo me sentía como una leona que tenía que defender a su cachorrito. Había un clamor en mi corazón que Dios me hablara y me diera la estrategia para terminar con eso. La responsabilidad no era de su padre, porque no estaba en Dios. Le hablo de que ya estaba todo listo, todo planeado. Pero yo no podía permitir que eso destruyera su ministerio, su llamado en Dios. Y un profeta en Costa Rica me dijo: “Jezabel esta pidiendo la cabeza de tu hijo el profeta.” Yo sabía de qué me estaba hablando; y yo pensé, me tendré que enfrentar a Jezabel, pero no va a llevarse la cabeza de mi hijo el profeta. Regrese de Costa Rica, y viene el a hablar conmigo acerca de los detalles. Y en ese momento le dije: ¿Cómo quieres que te responda, como tu madre, tu jefe, tu pastora, tu madre espiritual? “Como los tres”, dijo él. “Entonces siéntate que me vas a escuchar”, le dije. Así que hable con él y le dije lo que tenía que decirle. Claro que el empezó a llorar, pero yo hice de tripas corazón, a mí las lágrimas no me conmueven. Él se tomó unos días. A usted le parecerá duro, pero ahora estamos disfrutando el fruto de eso. Y por el amor que le tiene a Dios hizo lo que tenía que hacer, tomo su decisión, su consejera era su ahora suegra, ella sabía todo lo que estaba pasando. Iona es un regalo para nosotros. Lo mas difícil fue enfrentarse a los padres de la muchacha. Pero cuando vino la noticia de que se casaría con Iona, todos estábamos muy felices.
Madre que estas aquí, tienes que pelear por tus hijos, no dejar que su vida vaya fuera del propósito de Dios. Si se te ha sido revelado el propósito de Dios para ellos, no podemos estar de brazos cruzados. No solo es en asunto de matrimonio, sino también en todas las decisiones que toman nuestros hijos en sus vidas. Debemos estar cubriendo y rodeando el destino profético de sus hijos. ¿Dónde están las mujeres proféticas para guerrear por el destino profético de sus hijos? Estamos en tiempos demasiado críticos para que bajemos los brazos y entreguemos las armas. El diablo está peleando la siguiente generación. Tiene que dejar de orar en la mente, tienen que abrir la boca y declarar las verdades de Dios, ordenarle al diablo que quiete sus garras de las vidas de sus hijos. No podemos quedarnos parados viéndolos perderse y salirse del plan de Dios. Padres, este es el tiempo de reaccionar, es el tiempo de responder.
No tema ser muy duro, en lo de Dios hay que ser rectos. Le debemos honra al Señor. Y si hay sacrificio que hacer, por El hay que hacerlo. Si usted trae a sus hijos de la oreja a la iglesia, pues téngalos de la oreja al lado suyo durante toda la reunión, no en la última fila mandando mensajitos. Somos muy responsables aunque no lo queramos admitir.
Profecía de padre a hijo (Lucas 1:76-79)
“Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; 77Para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de sus pecados, 78Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, 79Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz. 80Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.”
Puntos Importantes
Muchas veces los jóvenes piensan que no deben de honrar a sus padres porque ya están viejos. El primer mandamiento con promesa es honrar a los padres para que en todo nos vaya bien y tengamos largura de días en la tierra. Por ejemplo: Yo deje mi carrera porque me había casado y con eso yo sentí que deshonre a mis padres porque ese era el mayor anhelo de ellos. Yo tuve que retomar mi carrera. Y yo sentí como que con eso honre a mis padres; y cuando lo termine ellos estaban tan alegres de que había hecho eso. Jóvenes aquello que sus padres y ustedes han anhelado, por amor a ellos, por honrarles, háganlo y termínenlo. En mi caso yo sentí que eso trajo prosperidad a mi vida. No digamos los hijos que conocen y aman a Dios; primero está el deseo de honrar a Dios y luego a los padres. Así como Juan, él tuvo que honrar a Dios y luego a sus padres y cumplió el propósito por el cual nació.
Yo veo ahora que los jóvenes aunque conocen a Dios, cometen pecados tan livianamente que ni se arrepienten ni buscan el perdón de Dios, de sus padres, de sus líderes y de sus autoridades. Antes venían los jóvenes avergonzados, llorando, confesando y pidiendo perdón por su pecado. Pero ahora, cometen pecado, y hasta lo publican en Facebook. No solamente no solo no hay temor de Dios, sino que el que acaba de salir de eso, felicite a otro por haber cometido pecado. Y no es que rechazamos los bebes que vienen en camino, no, que nos libre el Señor de eso. Los bebes no son culpables de la irresponsabilidad de sus padres; que por un momento de pasión no piensan en las consecuencias que eso puede traer a sus vidas, a sus padres, al ministerio. Y no solo eso, sino que si por lo menos hubiera un poquito de temor de Dios, pudieran pedir perdón. A veces piensan que por la misericordia que con que se les recibió, que les estábamos aplaudiendo. Yo quiero decirlo hoy aquí públicamente como autoridades y casa espiritual, no aprobamos ni asolapamos la fornicación/adulterio dentro de la casa de los hijos. Me duele ver comentarios en Facebook, públicos acerca de pecados cometidos, que nos exponen como ministerio, como padres ministeriales, como pastores. El pecado no es él bebe, el pecado es ya ratos; ni siquiera la fornicación, sino que eso es el producto de que no hay temor de Dios y fueron alejando el corazón del Señor. Pero yo me pregunto dónde estaban las mujeres que oran? ¿Dónde están las armas de guerra? A lo que va del año, van 6 jóvenes que salieron embarazadas o que ellos embarazaron a alguien y ninguno ha venido a donde el Hno. Rigo y yo para pedirnos perdón. Es una deshonra para nosotros. Les invito padres y madres, esta semana, a entrar en un ayuno para quebrantar ese espíritu que ha entrado para provocar los pecados sexuales de los jóvenes. Yo no soy mucha de entrar en Facebook, pero a veces entro y veo a jóvenes en unas poses que nos avergüenzan como ministerio, a los pastores, y a sus padres. Me pregunto de esas muchachas que se acuestan con nuestros muchachos, que concepto tienen ellas de Dios? ¿Qué Dios le están presentando? Necesitamos volvernos a la senda antigua. Buscar a Dios de todo corazón. A los papas les digo, Dios nos va a pedir cuentas aunque nuestros hijos ya estén grandes, porque no les hemos estorbado.
Necesitamos agradar a Dios antes de agradar al hombre o a nuestros hijos, aunque se enojen. Nuestros hijos tienen que conocer al Dios que hemos honrado y hemos conocido. No pueden conocer a otro Dios, solo al mio. Nuestra responsabilidad es impartirles a ellos la verdad. Muchas veces los padres dicen que no quieren llevarle la contraria, porque es lo que la psicología ha venido a decir. Pero debemos usar la palabra de Dios y así educar y enseñar a nuestros hijos. Dios nos va a respaldar y a honrar. No podemos llamar a lo malo bueno; son blancas o negras. No vamos a rechazar ni condenar a nadie, pero nosotros tenemos responsabilidad de cumplir lo que hemos conocido. El libertinaje hoy día ha provocado que nuestro corazón deje de estar pegado a Dios. Esto no es una cosa de ser modernos o anticuados, sino de amar a Dios o no amarlo. Oro este día que un manto de temor de Jehová venga a esta casa. Y pongo un alto al espíritu de lujuria, de fascinación, de fornicación. En el nombre de Jesús, oro que temor de Jehová venga sobre esta casa. No importa como tengas que hacerlo, Señor, porque Tú has dicho, Señor, que somos una tribu de adoradores; de gente que quieres levantar con poder, con unción. Dios no puede ser burlado. Padres les insto a tomar con seriedad lo que les estoy hablando. Que Dios nos perdone si los hemos malcriado. Que podamos caminar con rectitud y establecer un precedente de quien es nuestro Dios, llamar al pecado como lo es.
Padre y Madre
Los Hijos
Tiempos Modernos
Dios lo que quiere es que usted responda este día a la palabra del Señor. Que este día usted se defina en su corazón.
Pastora Abbie, le pido a usted que ore, necesitamos pedir perdón. Yo sé cómo está su corazón y por eso le pido que ore.
(Pastora Abbie hace oración; Pastora Rosy continúa orando representando a las mujeres y autoridades de la casa. Hno. Martin toma la oración representando a los padres y varones de la casa).
Hno. Martin: Que pasen al frente todos los jóvenes. Rebe, ven para acá. Siento que es el tiempo para que los jóvenes entren en pacto de amor y de santidad delante del Señor. (Rebeca Sosa dirige oración en nombre de los jóvenes).