Palabra con autoridad apostólica y revelación profética.
por Emma de Sosa
Sep 10
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ES10092010 La Importancia de lo que Hablamos
Dra. Emma de Sosa
Es importante lo que hablamos y decimos porque la palabra que hablamos y
declaramos es alimento, es sustento, es vida, es bendición, es provisión.
Parece que cuando el tiempo pasa y no vemos respuesta a algunas cosas, entramos
en frustración y comenzamos a hablar negativamente; parece que no nos damos
cuenta cuando cambiamos nuestra forma de hablar. Probablemente los demás lo
escuchan, se dan cuenta, pero uno paulatinamente, suavemente, va cambiando su
manera de hablar. Esto es porque hemos cambiado nuestra manera de pensar;
porque cambió lo que está en nuestro interior, ya que de la abundancia del corazón
habla la boca.
Una de las razones por la que empezamos a hablar de una forma que no está de
acuerdo con la Verdad o con La Palabra de Dios, es porque no alimentamos nuestro
interior con la Palabra de Dios, el Espíritu Santo siempre nos lleva a toda Verdad,
Cristo es la Verdad, es La Palabra Viva, pero esa Verdad debe de estar continuamente
activa. La manera de renovar la mente es leyendo La Palabra, cada vez que leemos la
Escritura, leemos como Cristo hablaba, vemos lo que dice la Biblia que debemos de
hablar, como deben de ser nuestras palabras. Debemos de ser confrontados con la
escritura para así renovar nuestra manera de pensar y por tanto la manera de hablar.
Vamos a ser juzgados por La Palabra en el día postrero, es decir, lo que dice la
escritura que: Hay que darle de beber al sediento, alimentar al hambriento, vestir al
desnudo, visitar al que está en la cárcel, que debemos de perdonar hasta 70 veces 7,
que nuestra responsabilidad es amar, perdonar y no mantener resentimientos.
En el día postrero nos abrirán el libro de las memorias que está en el cielo, donde
cada acción se va anotando; digamos que van sumando puntos y cada cosa que
hacemos que no está de acuerdo con La Palabra de Dios, se va restando, cosas a
favor y cosas en contra; pero cada vez que nos arrepentimos de lo que hicimos y si lo
hacemos genuinamente, el Señor pasa Su borrador eterno y eso deja de existir, lo
malo ya no existe. Y qué bueno que cada uno vamos teniendo un balance positivo y
no negativo
Pero en aquel gran día nos van a abrir el libro de las memorias y a cada uno de
nosotros nos van a juzgar por lo que está escrito: entonces el Señor va a decir: ¡Tuve
hambre y me diste de comer. Tuve sed y si me disté de beber; estuve en la cárcel y si
me visitaste, estuve desnudo y si me vestiste, por tanto, ¡venid bendito de mi Padre y
heredad el Reino! Esa es la manera como el Señor nos va a juzgar con misericordia y
verdad.
Pero a otros les va a decir: tuve hambre y no me diste de comer, tuve sed y no me
diste de beber, estuve en la cárcel y no me visitaste por tanto no te conozco.
O sea que la Escritura, La Palabra de Dios es la que nos va a juzgar. Cuán importante
es que conozcamos el contenido de La Palabra de Dios o de la Escritura, y cuán
importante es que hablemos conforme a ella y cuán importante es que vivamos y
actuemos de acuerdo con lo que conocemos y sabemos de la Escritura.
Ninguno de nosotros puede alegar inocencia en aquel día; desde el momento que
recibimos a Jesús, somos responsables de conocer lo que la Escritura dice, somos
responsables de hablar y de actuar conforme a ella.
Muchas veces entramos en frustración y esto trae amargura. La gente frustrada por
no resolver las cosas, se amarga, todo le parece malo. Hay gente que siempre está
amargada y es debido a la frustración que viene de la falta de fe y de sanidad.
Cuando entramos en amargura, lo primero que hacemos es querer justificar nuestras
acciones y buscar siempre un culpable. El que se quiere justificar nunca reconoce su
responsabilidad en el asunto y busca un tercero como culpable. Cuando buscamos
un culpable nos salimos del orden de Dios porque Dios no acusa ni busca culpable, Él
nos hace responsables de nuestros hechos, pero no nos culpa. Nosotros cuando
buscamos culpables para sentirnos bien, comenzamos a hablar negativamente de los
demás, de lo que hacen mal, de las circunstancias externas, porque estamos
tratando de limpiarnos y salir bien del asunto.
Comenzamos a desarrollar un lenguaje de frustración, de amargura, que llega a ser
hasta de maldición, una forma de hablar que no edifica, sino que destruye a los
demás.
Una de las maneras de justificarnos, como cristianos, es basado en que conocemos
de sanidad interior, y entre más conocemos de heridas de rechazo y acerca de la
falta de paternidad, sobre la orfandad y de todo aquello que pudiera provocar en
nosotros amargura y tristeza, más nos justificamos.
Cuando las cosas no salen bien, cuando nos sentimos dañados, buscamos en el cajón
de los recuerdos y traemos a memoria cosas que supuestamente Cristo ya sepultó
con el poder de Su Sangre y de Su Palabra, nos justificamos buscando culpables
pasados.
Desde que tenemos La Palabra de Dios en nuestro corazón, desde que recibimos al
Espíritu Santo, recibimos vida, recibimos una palabra de libertad, las cosas viejas
pasaron y son hechas nuevas, tenemos autoridad en nuestra boca para decir “no
más”, lo viejo quedó atrás y somos nueva criatura. Somos los únicos responsables de
elaborar la felicidad en base a La Palabra de Dios. Solamente viviendo de acuerdo
con Su Palabra seremos felices. Nadie pretenda ser feliz transgrediendo La Palabra
de Dios.
Es preocupante cuando personas pasan años y años y siguen en terapias de “sanidad
interior”, que vuelven a revivir lo ocurrido aun cuando ya han perdonado. Cuando se
perdona, se perdona de una vez y se perdona para siempre. Los que han pasado por
liberación y sanidad ya no deberían tener esas recurrencias, ya están libres.
Isaías 43:18-25
«Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. ¡Voy a hacer algo nuevo!
Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo un camino en el desierto, y
ríos en lugares desolados. Me honran los animales salvajes, los chacales y los
avestruces; yo hago brotar agua en el desierto, ríos en lugares desolados, para dar
de beber a mi pueblo escogido, al pueblo que formé para mí mismo, para que
proclame mi alabanza. » Pero tú, Jacob, no me has invocado; tú, Israel, te has
cansado de mí. No me has traído el cordero de tus holocaustos, ni me has honrado
con tus sacrificios. No te he abrumado exigiendo ofrendas de grano, ni te he
agobiado reclamando incienso. No me has comprado caña aromática, ni me has
saciado con el sebo de tus sacrificios. ¡En cambio, tú me has abrumado con tus
pecados y me has agobiado con tus iniquidades! »Yo soy el que por amor a mí
mismo borra tus transgresiones y no se acuerda más de tus pecados.
Nuestro Dios es un Dios que vive en un eterno presente, Él vive en un presente
continuo, Él siempre dice “Yo Soy”, “Yo Soy el que Soy”, Él nunca va al pasado. Es un
Dios de hoy: “hoy es el día agradable de bendición”, “hoy es tu día de bendición”,
hoy, hoy, hoy. La bendición es hoy, la gloria se puede vivir hoy, la salud es hoy, tu
liberación es hoy, no tenemos que dejarlo para mañana si tenemos todas las
herramientas en nuestras manos para recibir la bendición hoy.
Si la naturaleza de Dios es borrar nuestros pecados, nuestras rebeliones y echar todo
al fondo del mar y olvidarse de ellos, ¿por qué nosotros vamos a recordarlos? Somos
expertos en escarbar y traer a memoria lo que ya el Señor echó al fondo del mar para
no acordarse más.
Muchas de las personas en Cristo, aun en la iglesia y que leen las escrituras,
pareciera que dieran un paso para adelante y dos hacia atrás y vuelven a traer
situaciones pasadas aun cuando ya se ha hablado de eso y se ha orado. Hay una
tendencia a creerse víctima, porque cree que está atrayendo la atención de los
demás; los que quieren ser el centro de atención de los demás siempre van a tener
un espíritu de víctima. Esta es una manera de salirnos de la atmosfera de bendición
para retroceder al valle de la soledad cuando ya el Señor dijo que abrirá camino en el
desierto y ríos en la soledad, cuando Él ha dicho que hace cosa nueva que pronto
saldrá a la luz y el pronto de Dios es hoy, para Dios el pronto no es dentro de 3 años,
es para hoy, si tomamos la promesa de Dios es para aplicarla hoy y no esperar años.
Nosotros necesitamos salir… Dios le dijo a Abraham que saliera de su tierra y de su
parentela, significa que hay que salir de las heridas del pasado, salir de la auto
conmiseración que tiene que ver con la parentela, con la familia; salir de esa
condición y empezar a caminar a la tierra de bendición, empezar a caminar hacia la
tierra prometida. Hoy es día de salir del pasado. Hay que gente que no ve la
prosperidad, que no ve la victoria porque siempre está retrocediendo a recoger las
cosas del pasado.
Es una trampa del enemigo que estemos continuamente volviendo al pasado y
buscando culpables, porque lo que el enemigo quiere es que nunca nos hagamos
responsables de nuestra liberación y siempre busquemos un culpable. Cada uno de
nosotros es responsable por su liberación, no se puede retomar las cargas. La
decisión es personal
¿Cómo conocemos que un hijo de Dios está creciendo y está madurando? Cuando
deja de ser víctima y deja de buscar culpables; deja de echarle la culpa a los demás y
comienza a tomar la responsabilidad, a declarar La Palabra, a vivir La Palabra y a vivir
por ella y a comenzar a ver su victoria cada día, eso es madurez.
Hay personas que siempre buscan un por qué; ¿“por qué me pasa esto”?; la
psicología busca un “por qué”. Jesús no, Jesús sencillamente los declaraba libres,
Jesús no hacía preguntas, no se complicaba; Él liberaba y listo. Jesús decía: “vete y
no peques más”, esa era la receta de Jesús. Cuando dice “No peques más” tiene que
ver con no busquemos culpables, no ir hacia atrás, comenzar a vivir la vida de gracia,
comenzar a vivir lo que dice la Escritura, recibir la revelación de lo que Dios ha
determinado de nosotros, vivir conforme a ello y proclamarlo, decláralo; dejar el
pasado y no traer a memoria las cosas pasadas, no revivir los muertos antiguos.
Comenzar a vivir la vida en bendición.
No se ve en la Escritura que Jesús menciona los ancestros de la gente, por tanto, hay
cosas que han salido casi como doctrina y cada uno defiende su postura, pero lo que
debemos de defender es La Palabra de Dios, lo que dice la Escritura y lo que Jesús
hacía.
Cuando Jesús declaraba una Palabra y decía: “vete, eres libre” es que era libre,
porque si el Hijo del Hombre te libertare serás verdaderamente libre, y si creemos en
la Verdad, la Verdad nos hace libres. No debemos de tomar las cadenas y volvernos
a amarrar, a ponernos detrás de las rejas si Jesús ya nos hizo libres.
Depende de nosotros que creamos esa verdad y caminemos en esa revelación. Hay
circunstancias, sin embargo, la verdad es que Cristo nos compró con Su Sangre,
Cristo nos hizo libres, Cristo quiere que vivamos de victoria en victoria, de gloria en
gloria, de poder en poder. La verdad es que Él quiere que avancemos sin importar
las circunstancias que nos rodean.
El Señor Jesucristo nunca andaba buscando culpables en las situaciones, Él solo
declaraba La Palabra y las cosas eran hechas, las personas eran libres y restauradas;
querían seguirle y declarar las maravillas de Él porque habían experimentado en su
vida la libertad del Señor.
Es un tiempo de ver la verdad de La Palabra, la verdad del Ministerio de Jesús, la
verdad de como nosotros podemos ser libres y vivir en libertad, y vivir en libertad
tiene que ver con libertad para adorar al Señor, libertad para hablar Su Palabra,
libertad para predicar, libertad para enviar La Palabra a los enfermos… libertad.
Hay tantas situaciones en las cuales uno tiene la oportunidad de declarar La Palabra
de vida creyendo que La Palabra tiene poder. Muchas veces nos doblegamos ante
las circunstancias y pensamos que no hay nada que hacer, no solo respecto a las
vidas de las personas sino respecto a situaciones y circunstancias; pero en realidad
tenemos una palabra de poder en nuestra boca que es capaz de resucitar muertos,
capaz de darle vista a los ciegos, darle el habla al mudo y que el cojo salte, pero
necesitamos creer que eso es verdad, sin andarnos complicando tanto.
Hemos aprendido tanto que pensamos que debemos “discernir” cada situación
convirtiéndonos en un seminario teológico y empezamos a darle mente y
razonamientos a las situaciones en vez de actuar conforme a La Palabra y de acuerdo
con el Espíritu Santo y hacer los que Jesús haría. Si nosotros nos preguntáramos en
cada movimiento que haría Jesús, como lo hubiera hecho, viviríamos un cristianismo
más efectivo, más activo, más práctico y menos teórico.
Somos demasiados teóricos, hacemos grandes compendios e historiales respecto a
todos los temas de la biblia, pero a la hora llegada no practicamos ni vivimos en la
verdad que el Señor quiere que vivamos. Jesús no se complicaba, Él hablaba y
declaraba y las cosas eran hechas
Dios quiere llevarnos a la sencillez de su Evangelio, que es práctico, es efectivo, es
verdad es poder de Dios para salvación y que realmente cambia y transforma las
vidas.
Si lo que nosotros hablamos y declaramos es el Evangelio que tiene poder de
transformar las vidas …no deberíamos de estarnos preocupando por otras cosas
porque La Palabra es la que tiene poder para cambiar y para transformar.
Nuestras vidas deberían ser estar marcadas por la Verdad de La Palabra del Señor
Dios nos está hablando que dejemos las cosas pasadas, las cosas antiguas.