TEMAS DE OPINIÓN

Siguiendo Instrucciones

Enero 4, 2011


Mis queridos lectores, estamos en el origen de un nuevo año, donde podemos escribir tantas ideas y plasmar tantos sueños, que el papel sería insuficiente; mi deseo más profundo para ustedes, es que todo aquello que Dios ha originado y colocado en sus mentes y corazones, no tenga estorbo alguno para que se cumpla. Quiero comentarles algo este día, acerca de la importancia de acatar instrucciones, aún por encima de nuestros buenos deseos o intenciones.  Hace varios días, una joven señora, a la cual quiero mucho, me estaba ayudando con las labores de la casa; en esa ocasión yo iba a preparar el almuerzo y ella se dispuso para apoyarme.  Le di las instrucciones de cómo debía partir el queso en trocitos y demás, para luego ponerlo a fundir.  Ella con la mejor intención decidió que sería más rápido el proceso si rayaba el queso en vez de cortarlo en pedazos.  De tal manera que lo hizo como ella pensó que sería mejor.  El resultado no fue el mejor, ya que no se logró el propósito y el platillo quedó diferente. Cuando observo este tipo de situaciones bien intencionadas, no puedo evitar pensar en el Rey Saúl, quien queriendo agradar a Dios, decidió dejar para Él, lo más gordo del ganado y lo mejor del botín; el problema era que Dios había ordenado que eliminara absolutamente todo y no dejara nada.  Esta acción bien intencionada le costó el reinado a Saúl. Es muy importante que todo lo que hagamos, sea porque Dios así lo mandó o lo originó en nuestra mente o en nuestro corazón.  En todo lo que pensamos o recibimos, hay tres fuentes de inspiración, en primer lugar Dios, también el diablo puede hablarnos, y está además nuestro propio yo.  Lo más común es que las personas se dejen llevar por sus propios deseos, sentimientos o pensamientos, sin siquiera preguntarle a Dios si eso es lo que Él desea o es lo que a Él le agrada. Para saber lo que a Dios le agrada hay que conocerlo; si le conocemos a Él, le amamos; y si le amamos, deseamos agradarlo en todo; porque entendemos que nuestra misión en la tierra es ser olor grato y fragante para Dios, el Padre.  Una manera de ejercitar nuestra obediencia es aprendiendo a seguir las instrucciones que nos dan nuestros superiores o autoridades; aunque muchas veces no estemos de acuerdo o nos pareciera a nosotros que hay un camino mejor o una manera más eficiente de hacerlo. Mi querido lector, si vas a comenzar hoy a obedecer al pié de la letra, para ti Hay Una Esperanza, ten la seguridad que muy pronto te encontrarás haciendo la voluntad de Dios y siendo olor grato y agradable para tu Padre.

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