Las personas suelen experimentar vacíos en su vida, por falta de afecto o presencia de los padres o autoridades durante su infancia. Algunos tienen un padre alcohólico casi siempre ausente, lo cual provoca no sólo vacíos, sino inseguridad en ellos desde niños. Cuando estos niños crecen, manifiestan su necesidad afectiva a través de consumir drogas, o de buscar en las relaciones amorosas quien pueda llenar el hueco en su corazón.
Conocí a muchas personas en esa condición, pero particularmente una de ellas, mostró una necesidad tan grande que casi de inmediato entregó su vida a Jesús, a servirle, trabajar para Su obra y demás. Al paso de los años, este joven, después de fracasos sentimentales, encontró a una mujer con la que decidió casarse; lastimosamente ella no conocía al Dios que llena los vacíos. Poco a poco ella fue manipulando a su esposo, a través de la murmuración, hasta convencerlo de abandonar el lugar que había sido su refugio espiritual por muchos años.
Esto me hace recordar cuando Dios le dijo a Adam: Por cuanto obedeciste la voz de tu mujer… y vino sobre él la consecuencia.
Muchas personas buscan su propio deleite, sin tomar en consideración lo que les va a acontecer a los que forman parte de su núcleo. Ninguna decisión tomada queda sin consecuencias, siempre sobrevendrán, para bien o para mal. Un movimiento sencillo puede torcer el destino de todas las generaciones venideras. Podemos deslumbrarnos con las apariencias del momento, pero si no tenemos sabiduría y visión a largo plazo, podríamos arriesgarlo todo.
Gracias a Dios que en Él Hay Una Esperanza; no importa lo difícil de las circunstancias, no importa lo duro que pasemos o lo malo que hayamos hecho; cuando hay sencillez de corazón para reconocerlo y pedir una oportunidad, en Dios, siempre Hay Una Esperanza.
Mi querido lector, es posible que te estés identificando con esa persona que fue presa de la manipulación y la confusión; o bien podrías estar del otro lado y ser tú quien logró convencer a tu cónyuge de tomar decisiones drásticas para el futuro de la familia; o tal vez tú solamente eres víctima de las decisiones de tus padres. No importa de qué lado tú te encuentres, quiero decirte que para ti, en Dios hay una oportunidad de enmendar, de recapacitar y de volver a empezar.
Tu primer paso es el más importante, abre tu corazón y reconoce delante de tu Dios que no has actuado bien, te sorprenderás de cómo todo puede volver a reconstruirse y a alinearse en la senda trazada para ti.