TEMAS DE OPINIÓN

Restaurando El Sentido de Autoridad

Julio 14, 2014


Conozco una señora muy especial, quien sobrepasa a los ochenta años de edad; mujer emprendedora, enérgica, incansable para proyectar y manifestar su creatividad. Sin embargo, esta mujer dinámica carga un dolor en su corazón y es que su hijo no la honra, pelea con ella por asuntos de dinero y de ser posible le quita, pero no le da. Este hombre la quiere mucho, pero sencillamente su naturaleza es egocéntrica. Muchas veces nosotros vemos las situaciones como son ahora, pero no tenemos conocimiento de cómo fueron hace muchos años; ya que casi siempre lo que hoy vemos es solamente un resultado de lo que ocurrió en el pasado. Remontándonos en el tiempo al año 1974, este hombre tenía sólo 17 años y estaba culminando sus estudios de Bachiller, cuando sus maestros descubrieron que él consumía droga y además la vendía. Sus padres, para evitar que las autoridades lo apresaran y le dieran su merecido, lo enviaron inmediatamente al extranjero. Desde ese momento, este joven aprendió a escapar de la justicia y a desacatar la autoridad. Todo el tiempo que duró su carrera universitaria, su madre le concedió todo lo que él pedía, fuera carro, apartamento, empleada, dinero y más. Al regresar a su país, también su madre invirtió hasta lo que no tenía para establecer para él una empresa relacionada con su profesión. Su madre le heredó en vida, terrenos, casas y propiedades. Definitivamente cuando nosotros como padres somos muy condescendientes con nuestros hijos y no les enseñamos respeto a la autoridad, ni a valorar lo que cuesta adquirir lo que tenemos; estaremos formando tiranos egocéntricos que a la larga o a la corta, nos pierdan el respeto. Queridos lectores, es posible que alguno de ustedes esté pasando una situación similar con uno de sus hijos; o quizás sea usted quien lleva adentro el niño consentido y egocéntrico que vive para exigirle a su madre, creyendo que ella tiene la obligación de rendirse ante usted. Cualquiera que sea la situación, estoy convencida que mientras tenemos vida, siempre Hay Una Esperanza. Nuestro Dios y Padre es especialista en restaurar y restituir las relaciones entre padres e hijos; lo único que necesitamos hacer es entregar plenamente nuestro corazón al Dador de toda buena dádiva y todo don perfecto. Cristo en el corazón nos hace reflexionar acerca de las malas actitudes que tuvimos en el pasado y repercutieron en el presente; a través de Su luz podemos ver lo que antes no veíamos, para comenzar el cambio; porque nunca es tarde y vale más tarde que nunca. Si das el primer paso hoy, todo puede transformarse para ti. Invita a Jesús a tu corazón y el Espíritu Santo te dirá lo que sigue.

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