Quiero contarles acerca de unos jóvenes estudiantes, quienes viajaron a un país de Europa para cursar dos o tres materias de su carrera universitaria. Eran clases intensivas durante tres semanas, pero los fines de semana los tenían libres; de manera que los muchachos aprovecharon a conocer algunos países cercanos.
En uno de sus viajes turísticos, decidieron ir a Suiza, país hermoso pero con un nivel de vida muy elevado. Ya era hora de volver al aeropuerto para regresar a la ciudad donde estaban residiendo por tres semanas; por lo que preguntaron a un taxi cuál era el costo por llevarlos del lugar donde se encontraban, hacia el aeropuerto. El taxista les respondió que unos setenta euros, por lo que los muchachos pensaron que era demasiado; buscaron en el mapa de su celular y decidieron que el tramo no era demasiado largo, que por lo tanto iban a caminar, ya que tenían el tiempo para hacerlo.
Comenzaron a andar en dirección al aeropuerto, siguiendo el GPS del celular; pero cuando iban a mitad del camino, se encontraron con una densa obscuridad, donde los jóvenes estuvieron de acuerdo en que era preferible no atravesarla, sino buscar otra alternativa. Decidieron entonces llamar un taxi desde ese punto, creyendo que por tratarse de la mitad del trayecto solamente, les costaría la mitad de la tarifa. Se acercaron a un lugar donde había varios jóvenes y entablaron conversación con ellos, para pedirles que por favor les llamaran un taxi que los llevara de allí al aeropuerto. Mientras esperaban la llegada del taxi, ellos intercambiaron direcciones de correo, números de teléfono y demás.
El taxi llegó después de un rato, los muchachos lo abordaron, pero para su sorpresa, el conductor regresó hasta el punto donde ellos habían comenzado a caminar, para tomar otra ruta; de manera que al llegar al aeropuerto les cobró lo mismo que si hubieran tomado el taxi desde el punto de inicio, donde se encontraban la primera vez que preguntaron.
Muchas cosas pasaron por la cabeza de los chicos, tales como: “Nos pudimos haber ahorrado la caminada”, “Cuál fue el propósito de todo lo ocurrido?” “Será que era necesario que se conocieran estos jóvenes hondureños con los jóvenes suizos y rusos que se encontraron?” “Querría Dios enseñarles que “el haragán y el mezquino anda dos veces el camino?” “Cuál era la lección que debían aprender?”
Ya a este punto solamente nos queda entender que en Dios siempre hay propósitos y que Él aprovecha toda situación y circunstancia para enseñarnos algo para el resto de la vida. Aprendemos que cuando estamos en el Señor y hemos encomendado a Él nuestro camino, siempre Hay Una Esperanza.
Te has encontrado frente a una densa obscuridad donde has tenido que tomar un camino alterno para llegar al otro lado? Has pensado que en nuestra vida casi siempre llega un momento en que lo que nos espera enfrente es tiniebla, pero que nuestro Buen Padre, Quien es la Luz, nos hace llegar al destino sin ser afectados? Siempre para ti Hay Una Esperanza, si confías en tu Creador y Padre, Quien hace posible que Su Luz resplandezca en medio de la obscuridad más densa.