TEMAS DE OPINIÓN

El Perdón

Diciembre 22, 2014


En nuestro recorrido por la vida, nos encontramos con muchísimas personas que de una u otra manera han interferido con nosotros, provocando heridas y daños emocionales. Sin embargo, es al hombre mismo al que le toca decidir si desea continuar en su posición de mártir o víctima de las groserías de los demás. Si dentro del proceso, nos negamos a perdonar, a olvidar, aun a amar al ejecutor de nuestros aparentes dolores; seguramente somos nosotros quienes permaneceremos envueltos en el problema. El que se niega a perdonar, está abriendo una puerta automática al resentimiento, al odio, al rencor y a la autoconmiseración. Esto implica que cuando espíritus inmundos se acerquen, encontrarán asideros o cabida en esa persona, para manipularla, aun para expresarse a través de ella. Muy por el contrario, el que decide perdonar, porque reconoce que la naturaleza de Dios es amor, que Dios mismo nos perdonó a nosotros todas las infamias, agresiones, con que Le dañamos un día o muy a menudo; estará adquiriendo más y más la naturaleza de Cristo (que es amor). Perdonamos por amor al Señor, porque Su palabra dice que perdonemos hasta setenta veces siete (número que indica plenitud) y estamos dispuestos a ser Sus discípulos. El amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones, es el único capaz de perdonar, o sea el Espíritu Santo en nosotros. Nuestra alma (carne) se niega y reniega. La falta de perdón trae consigo amarguras, resentimientos, envidias, celos, contiendas. Es muy posible que usted lo haya percibido en su vida y no puede detectar claramente la fuente de su condición; si ese es su caso, mi querido lector, para usted Hay Una Esperanza. Le invito a que hoy reconozca que Jesucristo es ese Tesoro en nuestro corazón, con quien todo se torna en amor y bendición. Dígale ahora mismo al Señor, que venga a tomar el control de su vida, que el Espíritu Santo se derrame en amor, que usted por lo pronto, decide perdonar (a cada uno por nombre) por amor a Él. Usted comenzará a ver la diferencia, la gran liberación interior.

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