Esta mañana conversaba con alguien muy querido, quien es madre de dos hermosos jóvenes, uno de dieciocho años y otra de quince respectivamente. Ella me comentaba, como algo gracioso, que su hijita ya tiene novio, pero que ella está tranquila, porque el muchacho es menor que ella y tiene solamente catorce años.
Me quedé meditando en el concepto que las personas tienen acerca de las relaciones entre un muchacho y una muchacha, lo que significa un noviazgo y las implicaciones que esto tiene.
Hasta donde yo entiendo, el propósito de Dios al crear al varón y a la mujer, nunca fue que tuvieran uno y otro novio o novia, sino que Él como Creador y Padre Bueno, desea cuidar los corazones y la vida emocional de Sus hijos.
Hay jovencitas que desde los trece años de edad comienzan a andar con un muchacho y luego con otro y otro, y así pasan su juventud, de manera que cuando llega la hora de casarse, su corazón está parchado, quebrado, con huellas de dolor y desengaños. Parecen juegos inocentes de muchachos, pero debemos recordar que el corazón del ser humano, donde se anidan los sentimientos y las emociones, es sensible; y percibe el dolor, el engaño, el rechazo y demás, desde que la persona está en el vientre de su madre. Los jóvenes, a quienes muchos llaman adolescentes, precisamente adolecen emocionalmente, porque son inmaduros. La herida de rechazo puede marcar el futuro y el destino de una persona, aún para impedir su desarrollo como ser integral.
Nuestro Dios en Su inmensa sabiduría y amor nos pide que cuidemos nuestro corazón, que lo guardemos por encima de toda cosa guardada, porque de allí proviene la vida. Es decir que nos corresponde a nosotros cuidarnos y guardarnos, Él no se compromete a hacerlo por nosotros. Como padres, tenemos la responsabilidad de cuidar a nuestros hijos y guiarlos de manera correcta para que ellos no sufran y su corazón no sea dañado.
Las culturas machistas no toman en cuenta el consejo de Dios, sino que promueven que los varones tengan noviecita desde jóvenes, como para reafirmar su masculinidad. ¡Cuán alejados están de la verdad!
La Biblia nos habla del desposorio, que es cuando las personas están listas o en condiciones para contraer nupcias. Si lo vemos con la sabiduría de Dios, cuál es la idea o el sentido de que un joven tenga una relación sentimental con una joven, si no están maduros o listos para casarse?
Idealmente los muchachos y muchachas para entablar un noviazgo deberían de tener en primer lugar madurez espiritual para darle a Dios la preeminencia en su relación, madurez emocional para no crear dependencias humanas y madurez física y material para enfrentar las responsabilidades que conlleva sostener un hogar de la manera correcta. Debido a que las pasiones juveniles atrapan a los muchachos, o a veces porque las chicas se desesperan al pensar que se van a quedar solteras, entran en relaciones que no son las correctas, o en un tiempo prematuro, o con personas que no tienen la madurez mental para sobrellevar una responsabilidad tan seria como es el matrimonio.
Les digo a los jóvenes, pero también a los padres de ellos, que en Cristo Hay Una Esperanza, Él vino a sanar a los quebrantados de corazón y si este es el caso, hoy pueden entregarle su corazón al Señor para que los sane. Pero mejor que eso es, que si están a punto de entrar en una relación amorosa antes de tiempo, o sin dirección divina, mejor esperen en Dios pacientemente.